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El
"I Congreso Internacional sobre Tratamientos Complementarios y
Alternativos en Cáncer" que acaba de celebrarse en mayo en Madrid
constituye sin lugar a dudas un hito en la historia de la Medicina. No sólo
porque en él ha quedado meridianamente claro que hay que revisar el abordaje
tradicional de esta enfermedad sino porque desde ahora sólo un ignorante
indocumentado puede defender que la Radioterapia y la Quimioterapia sean los
tratamientos de referencia en cáncer. Es más, empiezan a oírse voces que exigen
la inmediata retirada de tantos productos quimioterápicos que no sólo son caros
e inútiles para superar la enfermedad sino que en muchos casos acortan la vida
de los enfermos empeorando encima su calidad de vida. Es más, muchos de ellos,
al igual que la Radioterapia, son cancerígenos. No sólo no curan el cáncer sino
que pueden provocarlo o extenderlo. Es indignante que a millones de personas se
les oculte algo tan simple como el hecho de que ningún laboratorio farmacéutico
se atreve a decir que sus productos curan el cáncer... por la sencilla razón de
que no lo hacen. Jamás ningún gran laboratorio farmacéutico ha afirmado tal
cosa por la mera razón de que mentiría: no hay ningún producto quimioterápico usado
por los oncólogos que cure el cáncer. Absolutamente ninguno. Que algo
tan sencillo no les entre en el cabeza a nuestros representantes políticos y
sanitarios, a los médicos y a los periodistas es incomprensible. El lavado de
cerebro al que les han sometido los especialistas en marketing de las grandes
multinacionales farmacéuticas es realmente increíble. Les basta con que sus
figurines adiestrados utilicen un "lenguaje científico"
incomprensible para quienes les oyen -no hay como un lenguaje deliberadamente
esotérico para dar apariencia de profundo conocimiento inaccesible-, hablar de
forma disciplente y desde la distancia, dar apariencia de seriedad y serenidad,
presentar como insignes figuras internacionales de enorme conocimiento y
ascendencia a personajes a los que durante años se les adorna el currículo con
cargos rimbombantes en centros de "prestigio" y a los que se otorgan
premios y honores -aunque no hayan logrado una sola curación en su vida-,
presumir de gigantescos laboratorios llenos de sofisticados aparatos, afirmar
que se gastan enormes sumas de dinero en investigación y obtener el apoyo
simbólico de altas figuras del Estado para que semejante puesta en escena,
tamaña representación teatral surta efecto entre las personas más fácilmente
impresionables ante las demostraciones de poder: los políticos, los periodistas
y los médicos. La manipulación de los ensayos -hay muchas maneras de hacerlo-,
la inversión en el alquiler o compra de conciencias y la falta de escrúpulos
hacen el resto. Luego sólo tienen que esperar a que los nuevos conversos
evangelicen al resto de la sociedad... y los estados dediquen ingentes sumas a
sus inútiles tratamientos. Así se enriquecen. Mientras, los estados, poco a
poco, ante sus inagotables ansias de dinero, empiezan a colapsarse. La
financiación estatal de fármacos que no curan nada alcanza ya -y no sólo en
cáncer- cifras mareantes. E insistimos: se trata de fármacos que no curan
nada. ¿Hasta cuándo tamaño dislate? ¿Tan profundamente estúpidos son
nuestros representantes? ¿Qué necesitan para despertar del letargo en el que se
hallan? |
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